mardi 18 avril 2017

“Solo pido que no me silben aquí”

No hay tarde ni noche tranquila para el Madrid de Zinedine Zidane. Nunca. Ni aunque empieces el partido con un 1-2 de ventaja que te traes del partido de ida. Ni aunque controles el encuentro y mantengas a raya el rival, el Bayern en este caso, después de una presión muy alta en los primeros 10-15 minutos. El Madrid de Zidane está condenado al sufrimiento. Va en su ADN, como la garra y el carácter. Está condenado también a seguir su camino en Champions después de empatar en la prórroga. Cristiano, protagonista en la ida, lo fue también en la vuelta. Dos goles en Múnich, tres goles en Madrid. El segundo, a pase de Sergio Ramos que encontró alivio en una noche en la que parecía que la Champions le había dado la espalda.

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