Detrás de ese chasis fino y fibrado, de esa normalidad que transmite Albert Ramos, hay un magnífico tenista. El catalán, de 29 años, transita de forma silenciosa por el circuito, pero a punto de alcanzar la treintena está consolidándose como uno de los mejores exponentes de esa clase media que aspira a filtrarse algún día en el top-10. A pesar de su discreción, el año pasado ya protagonizó un pelotazo en Roland Garros, donde alcanzó los cuartos, y este curso su trayectoria inivita a pensar en que pueden llegar más logros. Sin ir más lejos, este jueves despachó al número uno del mundo del Masters de Montecarlo. Andy Murray cedió (2-6, 6-2 y 7-5, después de 2h 32m) y de este modo el torneo del Principado perdió a uno de los grandes favoritos.
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