Hubo un momento de su vida, que sigue latiendo debajo de las cosas que le ocurren, en que Isco se quedaba solo delante del portero, se daba la vuelta para buscar al último defensa y una vez allí, con el público a medio levantar, le rompía la cintura, se sacaba la camiseta y corría hacía la grada en estado de éxtasis sin pensar que allí le aguardaba la muerte.
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