mardi 18 avril 2017

El Baskonia tropieza ante el CSKA

Hay días para los dioses y días para los diablos. Aunque hay dioses que son diablos y viceversa. Y había muchos dioses en el Megasport, pero con las alas cortadas. Dioses cansados, con los milagros cayéndose de las yemas de los dedos. La primera canasta de Larkin, el dios baskonista, llegó a falta de un minuto para concluir el tercer cuarto. Lo demás fueron errores, confusión desperfectos, decisiones equivocadas. Pero los dioses tienen el poder de la resurrección. Y lo que en Teodosic es rutina, en Larkin es sorpresa, corte de los milagros, nevada en verano. De De Colo hubo solo nubes blancas, cargado de personales. Y al final, la corte celestial puso a cada uno en su sitio. A Teodosic en el cielo, por hacer ni más ni menos que lo que sabe hacer, encestar, asistir, intimidar, hablar con los árbitros, elegir, resucitar. A De Colo en el purgatorio, olvidado a veces, reconocible otra, y a Larkin en el infierno, por sus continuos yerros, sus malas decisiones, aunque en dos minutos fue capaz de hacer transfusiones a su equipo, en el último cuarto, anunciando una ficticia resurrección. Fue una aparición, nada más.

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