Fernando Alonso rozó la proeza en Bahrein. El piloto asturiano estuvo a punto, a una sola vuelta, de finalizar la carrera. En ese momento, cuando rodaba decimotercero, el segundo motor de su McLaren dijo basta. Hasta entonces, Alonso fue bregando como pudo en la parte de atrás de la carrera, bailando entre el undécimo y el duodécimo puesto, rascando décimas en cada rincón que podía. Donde no lo hacía era en las rectas, donde su McLaren sucumbía ante cualquiera. "La velocidad que llevábamos en las rectas era impresionante. Había veces que miraba por el retrovisor y veía que tenía otros coches a 300-400 metros, pero cuando llegaba la frenaba los tenía ya encima" reconoció Alonso.
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