Debe de resultar de marciana complejidad ser tan aclamado por José Mourinho como por Pep Guardiola. Convertirse en un pretoriano de Luis Aragonés y de Vicente del Bosque hasta ser uno de los nueve futbolistas que lograron el triplete con España. Sentirse admirado por la Liga, la Premier y la Bundesliga, y dejar gran huella en tres clubes tan hidalgos como antagónicos: Liverpool, Real Madrid y Bayern Múnich, en los que brillan 21 Copas de Europa y hay un batallón de leyendas en sus álbumes de oro. Pero nunca hubo barreras para aquel crío formado en el vivero donostiarra del Antiguoko y acunado con la pelota por su progenitor, Periko, centurión intachable de la Real Sociedad más gloriosa.
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