La primera pelota que tocó fue para sacar de centro, un pase corto a Messi para que iniciara el juego. La segunda, dos minutos y medio más tarde y tras un barullo más propio de nerviosismo que de fútbol, fue un toque suave con la coronilla que superó por arriba a Trapp y su salida en falso. El balón, a cámara lenta, entró en la portería aunque Meunier la rechazó a destiempo cerca de la raya y puso la duda. Duró bien poco, porque la UEFA instala en la Champions la tecnología que aún no está vigente en la Liga. Y Luis Suárez, el Carpanta del área, salió escopeteado al tiempo que agitaba los brazos y gritaba con fiereza su gol. Le bastaron dos toques para explicar que el Barça creía en la remontada. Él, el primero. Neymar, genial y desequilibrante, el segundo.
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