Los suplentes despejaron las dudas de los titulares y el Madrid pasó por Eibar como un trueno. Una vez más, el banquillo tiró de los de Zidane. Lejos de que una tropa de jugadores ambulantes desaliñaran al Madrid en un momento delicado de su tránsito por la Liga, resulta que fueron ellos los que enderezaron el rumbo. En Eibar, rodeado de secundarios, ni Benzema, el guionista del encuentro, se rajó. Y mucho menos futbolistas de intermitencia como James y Asensio. Ipurua no es un estadio cósmico, pero la estupenda campaña del Eibar exigía peritar el choque con tanta finura como aplicación. Lo hizo el Madrid. Un Real que volvió a evidenciar que se maneja con gran solvencia cuando Zidane, ya sea por voluntad propia o por obligación, mueve el cesto.
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