Cuando el colegiado silbó tres veces, Neymar se abrazó con Messi y Luis Suárez, con todo el que pasaba por su lado también, y se quitó la camiseta para ondearla hacia la hinchada, la misma a la que le reclamó su aliento durante varias ocasiones del partido para después dedicarle el triunfo. Tuvo también tiempo de encararse con Aurier, que le había dejado más de un recado porque salió exclusivamente para pararle, para dar oxígeno a un Meunier que ya iba con la lengua fuera, y entre medias consoló de forma cariñosa a Thiago Silva, su compañero de la selección. Era el epicentro de la fiesta del Camp Nou –que aguardó en vano durante un cuarto de hora a una nueva salida en escena de los jugadores para alimentarse de los aplausos-, el futbolista que desatascó una eliminatoria histórica porque nunca antes se había remontado cuatro goles en contra. “Este es el mejor partido de mi vida”, reconoció el 11, tan exhausto como feliz. Tanto fue así que Messi se rindió a sus botas.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2m68wO0
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire