El Sevilla está agotado. El sueño de la Liga se aleja para el grupo que dirige Jorge Sampaoli, que mereció perder ante un Leganés mucho más vivo, más intenso y competitivo. El desplome físico y mental del cuadro andaluz es evidente en un tramo fundamental de la temporada, justo antes de jugarse los cuartos de final de la Liga de Campeones ante el Leicester. El Sevilla ya no tiene el balón. Sin él no es feliz, sufre demasiado. Tanto, que con una alineación muy renovada en busca de aire se encontró asfixiado. Poco queda ahora del grupo tan competitivo que armó Sampaoli, quien tiene la misión de reconstruir al Sevilla en las vísperas de dos partidos decisivos frente a Leicester y Atlético de Madrid. Probablemente la del martes será otra batalla, muy distinta a la del Leganés, pero las sensaciones son muy preocupantes justo cuando se deciden los objetivos. Competir hasta el final en dos competiciones tan exigentes como la Liga y la Liga de Campeones exige una barbaridad, quizás demasiado para el bonito sueño que Sampaoli y sus muchachos habían vivido durante buena parte de la temporada.
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