Algunos, no pocos, atrevidos ellos, decían no hace mucho que Roger Federer tal hubiera hecho bien en recoger sus trastos e irse a casa para disfrutar de un dulce retiro, allí en las montañas de suiza, plácidamente estirado en el sofá, contemplando con perspectiva la fastuosa obra que ha ido construyendo a lo largo de 20 años de carrera. Sin embargo, aquellos, no pocos, insensatos a tenor de los hechos y los resultados, no tuvieron demasiado en cuenta la verdadera dimensión del suizo, quien al derrotar a Stan Wawrinka en la final de Indian Wells (6-4 y 7-5, en 1h 19m) volvió a decir que no, que de ningún modo, que a él le cuerda para rato y que se puede ser excelso en la longevidad, porque sencillamente es un tenista irrepetible.
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