En la 69-70, el Celta reaparecía en Primera División, tras una década de ausencia. Allí se iba a reencontrar con el Dépor, que en los sesenta llegó a ser conocido como equipo ascensor, porque subía y bajaba continuamente. Pero en ese momento, con un presidente joven y audaz, Antonio González, se sentía seguro. Aspiraba a más. Se estaba dotando de una nueva estructura. Entró como gerente un destacado periodista coruñés, Manuel Fernández Trigo, más adelante gerente del Madrid.
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