El Baskonia recuperó su imagen donde mejor se recupera el juego: ante rivales difíciles y en canchas presuntamente imposibles. El Fenerbahce fue su particular bálsamo de Fierabrás. Obradovic, tan ducho en la materia, una institución que cumplía 57 años, no ha encontrado esta temporada la manera de ganar al Baskonia. No lo hizo cuando el conjunto vitoriano estaba pletórico, en a primera vuelta, y no lo hizo hoy, en su pabellón, cuando el Baskonia mostraba una anemia en su juego que le dejaba en el alambre de la clasificación. En ambos casos, topó con la misma piedra: el poderío baskonista en el rebote y la inspiración de sus directores de orquesta. Da gusto seguir el vuelo de la batuta de Larkin o los solos de Beaubois, un jugador que disfruta asumiendo responsabilidades. Pero, además, en esta ocasión, se sumó al coro un presunto secundario, Rafa Luz, inspirado como un maestro, sosteniendo al equipo en ataque y en defensa, acertando con el aro.
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