Fernando Torres recibió el balón de espaldas a la portería. No veía ni el marco ni al portero del Celta, pero rápidamente armó la pierna derecha y con una volea asombrosa coló el balón ante un atónito Sergio. Un golazo. Pocos minutos después, con el palón parado sobre el punto de penalti y con los tres palos enfrente, el delantero del Atlético no acertó, mandó el cuero al larguero.
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