“Durante la media parte vi que el partido se estaba calentando. Era un derbi. Solicité que acudiera la Policía Local. Se negó. Lo derivaron a los Mossos. Cuando acabó el partido un jugador me agredió, me dio una patada en la cabeza. Los Mossos, como si no estuvieran”. Lo cuenta un árbitro catalán que en el momento de los hechos tenía 18 años. No desea hacer público su nombre. Como muchos de los árbitros consultados teme las posibles represalias. El árbitro presentó una denuncia. Un juez declaró culpable al agresor y le multó con 156 euros, después de que el Comité de Competición le impusiera una sanción de 15 partidos. Este es solo un ejemplo de las agresiones que a menudo padecen los árbitros encargados de dirigir los más de 20.000 partidos de fútbol que se celebran cada fin de semana, en un deporte que ronda el millón de licencias en España.
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