El cielo plomizo de Leverkusen marida con las columnas de humo blanquecino que desprenden las chimeneas de la industria farmacéutica que alimenta a la ciudad. Allí, en la mini olla a presión que será esta noche el Bay Arena, se ejercitó el Atlético de Madrid bajo una fina manta de agua. La misma que se espera para hoy. Como hace tres días en Gijón, al Atlético le aguarda un campo rápido, una hinchada de rugido fabril forjada en la cuenca Rin-Ruhr y un equipo tan entusiasta como trufado de novatos talentosos. Karver o Kampl, y otros más curtidos, pero sin ser veteranos como los extremos Brandt y Bellaraby y el goleador Chicharito componen uno esos equipos bonitos de ver en ataque. El cañón y cerebro Çalhanoglou, sancionado por la FIFA por incumplimiento de contrato, es su gran ausencia.
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