El orgullo es la única virtud que dignifica la derrota. La volcánica segunda parte del Atlético en la noche del miércoles terminó con el Calderón en pie, despidiendo a un equipo que reconoció por primera vez en meses. La hinchada enfiló encendida por los vomitorios tras uno de esos partidos en los que la llama de los sentimientos y las sensaciones se imponen sobre la frialdad numérica y realista del marcador. En la derrota, el Atlético fue el Atlético durante 45 minutos y eso es mucho ante la imagen de equipo desalmado proyectada en muchos partidos de esta temporada.
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