El 3 de abril de 1963, el Madrid visitaba a Osasuna, a tres jornadas del final. Partido sin trascendencia para el Madrid, que se había proclamado campeón dos jornadas antes, a falta de cinco. Así de fuerte estaba. Más comprometido era para Osasuna, que andaba en riesgo de descenso. Le bastaría con ganar sus dos partidos en casa, pero el primero de ellos era contra el Madrid, que aunque ya era campeón viajó con todos sus titulares excepto Di Stéfano, lesionado.
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