Hasta hace no mucho, en concreto hasta el último tercio del año que acaba de vencer, los cronistas de tenis escribían con la sensación de hacerlo en bucle. Hasta hace solo unos meses las historias narraban esencialmente los triunfos rutinarios de Novak Djokovic y Serena Williams, dos divos, semana sí y semana también, pero la situación fue virando hasta el punto de que hoy día no mandan ni el uno ni la otra, sino que lo hacen dos jugadores que proyectan mucha más discreción, Andy Murray y Angelique Kerber. Con el escocés y la alemana al frente arranca un nuevo curso, de aires renovados, en el que la monotonía y el inmovilismo se han desvanecido y en cuyo horizonte asoman múltiples atractivos.
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