Tener contento a Messi es una de las mayores aspiraciones que desarrolla un directivo del Barça, no vaya a ser que, por un causal, deje de ser directivo. Al fin y al cabo, un día el club no estará pero Messi seguirá ahí, dando títulos a la entidad, aunque la entidad ya no exista. Un enfado de Messi, o unos días demasiado melancólicos, arrastrarían consecuencias seguramente nefastas. Y es tan fácil meter la pata. Podrías quedarte corto en un elogio, o contar un chiste que no se entendiese, al estilo de Pedro Reyes, o simplemente incurrir en un olvido. Hay que medir cada palabra.
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