Tan crítico es el estado del Granada y el Osasuna que el partido parecía una operación a corazón abierto. Un caos, si se prefiere, un alboroto constante en la grada y en el césped. Público, árbitro y jugadores metidos en un atasco haciendo sonar el claxon, gritando. Pocas veces se ven tantas circunstancias en las que seis, siete, ocho futbolistas disputan el balón que rebota asustado en aquel jaleo de piernas. ¡Anda jaleo, jaleo!, faltó cantar en el Nuevo Estadio de los Cármenes donde reinaba el frío más que el fútbol.
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