Una hora antes de que comenzara el encuentro, atronó por Ipurua y por un buen rato una estridente bocina que, como si en tiempos de guerra se tratase, parecía alertar de un inminente ataque aéreo. “Desde siempre. Esto se hace aquí desde que se empezó a jugar para avisar que hay partido”, explicaba con orgullo un guardia de seguridad, a pie de cambio. Ocurrió, sin embargo, que sí, que por Eibar sobrevoló un caza F-18, uno pequeño y silencioso, uno que se colaba por las líneas enemigas con una facilidad pasmosa hasta el punto de ser indetectable para el radar rival: fue Messi.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2jdZDCO
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire