Alberto Contador hace pasar a toda velocidad por la pantalla del ordenador los perfiles de la próxima Vuelta, y su mirada, que se ilumina recorriendo los dientes de sierra que dibujan la etapa del domingo 3 de septiembre, la 15ª, la que termina a los 2.500 metros de la barrera que cierra Sierra Nevada después de haber subido, en poco más de 100 kilómetros, los primeras de Hazallanas y Monachil, “una etapa para gente valiente, quizás la más bonita de la Vuelta”, se apaga súbita y triste al observar que la etapa siguiente, la 16ª, ya en la última semana de la Vuelta, es una contrarreloj casi llana de 42 kilómetros, como le gustan a Chris Froome, por los alrededores duros de Logroño.
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