Nadó hasta la orilla el Alavés, que se ahogó casi en la playa para demostrar que en Galicia hasta la última ola lleva peligro. Lo tuvo el Celta, que pasó un calvario ante un equipo inabordable, un dolor de cabeza al que es complicado aplicarle medicamento. El Alavés llegó a Vigo tras encajar dos goles en los últimos siete partidos de liga, después de que en los tres últimas lizas nadie le pudiese marcar, tras festejar su pase a los cuartos de final de la Copa del Rey al aguantar tres cuartos de hora con un hombre menos contra el Deportivo. Ante el Celta casi replica semejante hazaña. Una vez más se vio en inferioridad numérica al salir expulsado Feddal en el inicio de la segunda parte y pocas cosquillas permitió a los celestes hasta que en los segundos finales les derrotó un gol de Radoja, Aún así, el Alavés, duro como el pedernal, murió en el área rival.
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