Los seis puntos de distancia entre el Madrid y el Barcelona eran la carnaza que el Camp Nou colocó arriba para que el Madrid saltase. Un señuelo con el que atraer al líder olisqueando sangre hasta el Estadi y allí, entre muchedumbres agitadas, humillarlo y dejarlo a tiro. No salió porque no hay rastro del gran Barça, deambulando entre tinieblas, ni huella del Madrid que preparaba las visitas a Barcelona con la misma diligencia que al matadero. Prueba de que los tiempos cambian es que el Madrid se dio el lujo de la primera posesión, aquella palabra tan de moda, como un recordatorio de afrentas. Después de ese pequeño homenaje, Modric se puso hacer fútbol: no a jugarlo, a hacerlo.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2g58sgD
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire