Después de cada viaje de Messi a Argentina, el jugador termina en el diván. Allá no se incorpora a un equipo, sino a algo poco recomendable para su salud mental: se incorpora al pasado para hacerlo reanudar en sus botas y no en las de Diego Maradona. ¿Por qué Messi no es el mismo?, se preguntan los aficionados. La primera respuesta es obvia: porque nadie es el mismo en otra familia. Pero más allá de eso Leo Messi no necesitó de familia en goles antológicos marcados al Getafe, al Zaragoza, al Madrid, al Sevilla. El argentino es una consecuencia del estilo de juego del Barça, su máxima representación física, pero cuando el Barça no lo dinamita se hace explotar solo.
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