Muy pocos dirían que Andy Murray había ganado, que había logrado su primer billete para una final de la Copa de Maestros, que con su triunfo salvaguardaba su número uno y que estaba a un solo paso de concluir el curso por primera vez en lo más alto. Después de un ejercicio de resistencia antológico, de sortear una bola de partido en contra y de firmar de la mano de Milos Raonic el partido a tres sets más largo de la Copa de Maestros desde 1991, el escocés resoplaba. Mira al frente y resoplaba Murray, extasiado, como si hubiese presenciado un fenómeno paranormal. Había escapado de la trampa (5-7, 7-6 y 7-6, después de 3h 38m), pero su reinado pendió de un hilo.
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