Tres semanas pueden dar mucho de sí. Y, desde luego, Garbiñe Muguruza ha exprimido las tres últimas hasta la última gota. Desde que concluyó su participación en la Copa de Maestras, el pasado día 28 en Singapur, la campeona de Roland Garros ha hecho de todo menos aquello que hace de forma sistemática desde que tenía cinco añitos, empuñar una raqueta. En la pequeña franja vacacional que tienen los tenistas, Garbiñe ha estado en Ginebra y Barcelona, disfrutando de la familia y los amigos, y atendiendo también algún que otro compromiso comercial. Luego voló a Egipto, donde le impresionaron las pirámides de Luxor, y después de airearse la mente incluso tuvo de pasar por el hospital.
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