Un policía triatleta designa la comisaría en la que trabaja como lugar para someterse a controles fuera de competición. Cuando, en febrero pasado, los inspectores antidopaje acuden para pedirle su orina, el agente, de uniforme, se niega y les dice que si están locos, que cómo se les ocurre acudir allí. Un futbolista del Huesca, de Segunda, da positivo en un control y en su defensa alega que intentando que su niño tomara la medicina para la otitis que sufría una gota le cayó en la boca y acabó en su orina.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2g1pPjf
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire