Probablemente, en una encuesta a pie de urna ningún miembro del Baskonia sabría explicar por qué había ganado el partido. Nadie tendría un razonamiento deportivo convincente para argumentar que un encuentro tan caótico al final hubiera encontrado el orden necesario para apuntalar una victoria cuando nadie lo esperaba. Las encuestas, ya se sabe. O quizás que el Brose Bamberg le ha cogido gusto a eso de llevar el partido a los extremos y luego despeñarse cual Thelma o Louise, a elegir, acosados por el enemigo. El 81-74 final pareció un anuncio melancólico de la Lotería con final feliz, porque el Baskonia, solo fue por delante tres veces, en el primer cuarto, en los minutos de tanteo y solo fue por delante al final, en los minutos de tonteo del equipo alemán.
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