Iago Aspas salió radiante de Wembley. “Conservaré este recuerdo como oro en paño”, decía, con la camiseta en una bolsa de plástico en una mano, el bolso en la otra, los ojos verdes desprendiendo chispas y la cresta de mohicano recién lavada bajo las duchas más famosas de Inglaterra. Acababa de debutar con la selección en un escenario único, y acababa de meter el gol del partido. El 2-1 que propició la remontada de España ante Inglaterra en un amistoso que, por lo demás, solo registrará hechos anecdóticos, como el también debut de Ander Herrera como internacional absoluto.
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