Al Barça, el equipo que mejor controló y ordenó el fútbol, no le ha ido mal entregarse al contragolpe desde que reunió al tridente Messi, Suárez y Neymar. Ausente el 10, no le conviene jugar a la ruleta rusa, y menos en estadios como Balaídos. Los azulgrana claudicaron después de un encuentro volcánico, más propio de la Copa que de la Liga, víctimas de sus concesiones y de la pegada del Celta. El tanteo expresa la balacera que fue Vigo y los goleadores delatan la sinrazón de los azulgrana, que perdieron la pelota y la cabeza: tomaron prácticamente dos tantos en propia puerta y otros dos los metió el pasional Piqué.
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