Christian Prudhomme habla en el gran teatro de la presentación del Tour del 17 y habla como un padre que no sabe qué hacer con su hijo caprichoso y aburrido. Con el pelotón. Le regala todos los años, en cada Tour, los juguetes más a la última, las subidas más espectaculares, los paisajes más hermosos, la posibilidad de aventuras sin fin, y él, el hijo, el pelotón, juega un rato, disimula su aburrimiento, y deja al lado todas las golosinas. Se levanta y pide más. Para Prudhomme, el hombre que cada año, desde hace 10, dibuja los recorridos de la gran carrera del mundo, el Tour de 2016 fue la gota que colmó el vaso.
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