Desde que arrancara la pretemporada, Ter Stegen (Moenchengladbach, Alemania; 24 años) ha vivido en una montaña rusa. Todo empezó en las oficinas del Barça, donde pidió la titularidad por decreto porque sabía del interés del Manchester City, cansado ya de ser portero de eliminatorias, en la Copa y en Europa. Pero Luis Enrique no estaba por la labor y el portero salió contrariado porque el Barça se negó en redondo a negociar por él sino que se remitía a la cláusula de 80 millones más IVA. Aunque Claudio Bravo resolvió el sudoku porque también acudió a las oficinas con una oferta en firme del mismo City. Y, a pesar de que el club también se cerró en banda con su cláusula, al final cedió porque el guardameta declinó firmar una prolongación y mejora de su contrato. “Es un gran portero y nos hubiese gustado que siguiera, pero se quería ir, no se planteó renovar y al final se marchó”, resumen desde la ciudad deportiva del Barça. “Nuestra dura y deportiva competencia ha sido motivadora en todo este tiempo. Pero él tomó su decisión, la que creyó mejor, y yo estoy contento aquí”, resolvió la semana pasada el futbolista antes de medirse en la Champions al Moenchengladbach, su exequipo. Era un día para recordar. El domingo pasado, ante el Celta, fue para olvidar.
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