El retraso de más de una hora con el que avión que el lunes trasladaba al Atlético a Rostov generó corrillos en la sala de espera de la terminal tres de Barajas. El malestar de Simeone y de su cuerpo técnico por la demora, se entremezcló con algunas conversaciones en las que predominaba esa versión del Atlético más ofensiva desde la posición de Koke en el medio y la entrada en el once de Carrasco. En la sala de prensa de Rostov, la temática se repitió apuntando a las individuales y a lo colectivo. Con ese Simeone volvió a emerger como ese entrenador con capacidad para mutar de piel y de libreto que detesta tanto que le califiquen de ser un entrenador defensivo como ofensivo. “Si me tengo que guiar por la forma de los jugadores tendría que jugar con 14. Yo voy detrás de lo que necesita el partido, la situación del juego que nos conviene por las características de los futbolistas. No me autopresiono con nadie. No tengo compromiso con la forma de jugar, ni de atacar, ni de defender, lo que único que me importa es ganar”, aseveró.
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