El fútbol renueva sus ídolos en un bucle que se presume eterno para un juego de pasiones universales, pero en esa suerte de reedificación se corre el peligro de que la cimentación sea precaria. Hace diez días un chico de 13 años, Karamoko Dembelé, saltó al campo para jugar con el segundo equipo del Celtic de Glasgow, que alberga futbolistas de hasta 20 años de edad. Pocas horas después Mustafa Kapi, de 14 años, disputó varios minutos con el primer equipo del Galatasaray turco en un partido amistoso. No se discute su talento, pero se debate sobre las imágenes que dejaron su puesta en acción: se trataba de niños contra hombres.
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