Nadie como Maradona para redefinir un concepto tan sencillo como el de Partido por la Paz y catapultarlo a las portadas de medio mundo transformado en un auténtico episodio de guerra, en este caso la que mantiene abierta desde hace un tiempo con Juan Sebastián Verón. Su vieja amistad, sellada en el vestuario de la Bombonera y en reservados de los mejores locales de la noche bonaerense cuando ambos defendían la camiseta de Boca, comenzó a resquebrajarse durante la disputa del Mundial de Sudáfrica, en 2010, y en julio de este mismo año, a la salida de una tensa reunión en la sede de la AFA, Maradona se ocupó de enterrarla para siempre al acusar de alta traición a Verón y su padre, a quienes calificó como “hijos de Grondona”, difícil asegurar si a modo de simple constatación o como insulto más o menos tuneado.
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