Un día después de que Dani Pedrosa sufriera una fea caída, de las llamadas por orejas, esas en las que la moto escupe al piloto después de que el neumático trasero pierda adherencia y justo al volver a recuperarla expulse al deportista bruscamente de su sillín y lo haga volar, a Jorge Lorenzo le pasó exactamente lo mismo. Solo que en otra curva, la dos (y no en la once, donde se cayó Pedrosa), y con consecuencias menos dramáticas.
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