A los aficionados del City les parece de fábula que los sorteos les emparejen con el Barça, aunque ahora, tras la devaluación de la libra por el resultado del Brexit, las cervezas les costarán más caras que en sus dos últimas visitas; a los futbolistas, es otro cantar: maldita la gracia que les hace cruzarse con Messi, por mucho que les ponga a prueba como profesionales. A su entrenador, Pep Guardiola, le amargó durante varios días el resultado del bombo, porque el grupo le pareció extremadamente difícil y la guinda, visitar el Camp Nou, le generó ansiedad por la grandeza de rival y la carga emocional que conlleva volver a casa. “El grupo es complicado y necesitamos puntos contra el mejor equipo del mundo, pero estar aquí me hace feliz. Aquí crecí, aquí jugué, aquí entrené y además, cuando vuelvo veo a gente que quiero. Y los lugares los hacen las personas”, resumió. Pep no olvida. “Este estadio es mi casa, aquí he crecido”, recordó.
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