Catorce jabatos de un encomiable Eibar provocaron otro bajonazo del Madrid, que ya ha perdido seis puntos consecutivos en Liga, cuatro en Chamartín. Tal contabilidad, en un club con los galones del Real, si no es una crisis está muy cerca. Esta vez, los blancos no se aferraron ni a un toque de corneta final. Porque no hubo arrebato alguno frente a un rival que demostró una entereza extraordinaria en un día épico para la ciudad armera, que se sintió en Marte. Sí señor, los modestos también pueden improvisar la gloria. Una jornada póstuma para un subversivo Eibar, otra tarde de colapso para un Madrid fundido, gripado, que no mereció más, ni mucho menos, y cerró el primer mes del curso más sonado de lo que cabía suponer.
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