Su sonrisa, de oreja a oreja, expresaba la felicidad del reencuentro, la alegría de volver a saludar a los que fueron sus compañeros en los dos últimos años. Claudio Bravo repartía antes del encuentro estrujones de mano, palmaditas y animada conversación en el túnel de vestuarios, siempre correspondido, y se reservó un último abrazo para Marc-André Ter Stegen, su anterior socio en la portería y ahora rival, con el que cruzó unas pocas palabras, un par de sonrisas y una leve colleja. Con naturalidad; sin acritud.
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