Tal vez sea demasiado pronto, momento para la contención y la mesura en el juicio, la valoración o la perspectiva, pero visto lo visto hasta ahora, cerca ya de cruzar el ecuador de la primera semana en Nueva York, hay indicios más que suficientes para el optimismo. Rafael Nadal, de nuevo, volvió a dejar la sensación de que una vez que su muñeca le ha dado tregua y que su juego ha ganado revoluciones al acumular estancia en la pista, a base de encuentros y entrenamientos, está un poco más cerca de su mejor versión, o al menos de aquella que insinuó antes del parón forzado en pleno Roland Garros. Por tercera noche consecutiva, el de Manacor venció con suficiencia (6-1, 6-4 y 6-2 a Andrey Kuznetsov, después de 1h 59m) y accedió a los octavos del US Open, en los que se encontrará con el francés Lucas Pouille (3-6, 7-5, 2-6, 7-5 y 6-1 a Roberto Bautista).
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