Fue una etapa bíblica, en la que esta vez sí, los últimos fueron los primeros. Los últimos del desastre de Formigal cuando 93 corredores llegaron fuera de control y debían ser expulsados de la carrera. Eran demasiados para mermar la carrera. La unión hizo la fuerza, el barullo dictó su ley y la organización de acuerdo con los comisarios y los equipos decidieron salvarlos del infierno, del oprobio que suponía irse a cada de esa manera.
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