Estos días, Pablo Carreño (Gijón, 25 años) anda feliz como unas castañuelas por la Gran Manzana. Y es que el asturiano, un chico cercano y accesible al que le gustan las ensaladas y la pasta después de un buen entrenamiento, un tipo al que uno puede encontrárselo dando un paseo en el centro de Londres o un bosque parisino, tiene más que motivos para lucir una sonrisa. La pasada madrugada remontó un durísimo partido frente al serbio Janko Tipsarevic, todo un sabueso de 32 años, y accedió a la tercera ronda del US Open, donde ahora puede romper su techo en un gran torneo, porque nunca ha ido más allá de esta fase. El 3-6, 4-6, 6-1, 6-4 y 6-4 (en 3h 41m) le cita ahora en un baile que muy pocos querrían, con el talentosísimo Dominic Thiem, pero a él no se le borra la sonrisa.
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