Rápido, obstinado y fiel a su estilo. Fino al manillar. Así es Jorge Lorenzo. Así ha ganado tres títulos de MotoGP. Pero en sus virtudes se esconden también sus defectos. Uno de los aspectos más admirados de su pilotaje, su paso por curva, punto fuerte también de la Yamaha, le podría costar el Mundial este año, como a punto estuvo de hacerlo el curso pasado, cuando sufrió en muchas carreras por falta de confianza con los neumáticos, en algunas ocasiones demasiado duros para su gusto. Al no poder inclinar lo suficiente y no poder aprovechar tanto como acostumbraba ese paso por curva perdía unas décimas preciosas una vuelta tras otra. Quedó fuera del podio en algunas carreras por eso. Esta vez el problema es distinto, aunque el fondo es el mismo.
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