El embrujo le duró al Las Palmas menos de un minuto en Anoeta. Todo el encanto que atesora el equipo de Quique Setién se convirtió en tinieblas por muy luminosas que fueran sus camisetas. De lo primero tuvo la culpa Willian José, más que un delantero centro, todo un activista del área con un aparente don de la ubicuidad. El brasileño que le dio la pasada temporada la victoria a Las Palmas, condujo esta vez a su exequipo al abismo de la goleada. Al brasileño le ayudó en la tarea, Boateng en un acto instintivo cuando sacó la mano para evitar un gol tras un error de Javi Vara. Vela marcó el penalti y Las Palmas se quedó con diez futbolistas con 70 minutos por delante. No hay rostro que soporte dos bofetones sin sonrojarse. El equipo mágico de Setién se quedó sin trucos como el viento le hubiera tirado el tenderete.
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