De Stanislas a Stan hay un mundo, toda una metamorfosis personal. El proceso incluye un buen puñado de derrotas, no pocos vaivenes sentimentales y la regeneración final de un hombre que poco a poco ha ido encontrando la paz personal; también, después de conquistar su tercer Grand Slam con una exhibición ante Novak Djokovic en la final de Nueva York, la eclosión profesional. Del perdedor apocado al triunfador que hoy ocupa las portadas hay un trecho enorme; no en lo temporal, apenas tres años, sino en lo vital. Atrás quedó Stanislas, porque el presente lo escribe Stan.
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