El derbi de Manchester estuvo a la altura de las expectativas generadas por el primer pulso entre Mourinho y Guardiola en la Premier League porque jugó mejor, infinitamente mejor en el primer tiempo, cuando borró del campo a los locales y supo resistir cuando lo requirió el devenir del partido. Empieza a ser habitual que el catalán le gane la mano al portugués, que pierde razones en cada partido: de los últimos diez contra el catalán, solo le ha ganado uno. Ayer Pep pintó de azul Manchester. Y, aunque siendo cierto que llegaron a tener cerca el empate, y que incluso el árbitro les anuló un gol que hubiera supuesto el 2-2, los de Guardiola tuvieron tantas razones para golear que si no lo hicieron fue porque De Bruyne, escogido mejor jugador del partido, se estrelló en los palos, la empanada de Sané, que salió en el segundo tiempo, resultó histórica. De no ser por la mala actuación del debutante, el resultado pudo ser escandaloso.
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