Era la primera vez que un árbitro disponia de esa ayuda en un partido oficial, un Italia-Francia además. Y no tardó ni cuatro minutos en necesitarla. Djibril Sidibé cometió una falta sobre De Rossi y su debut pudo acabar igual que el de Messi con la selección argentina, expulsado de manera injusta al poco de pisar el césped. A Sidibé le rescató la tecnología. El árbitro holandés Bjorn Kuipers estaba conectado con dos auxiliares Danny Makkelie y Paulus Van Boekel, dos colegiados internacionales también neerlandeses, seguían el partido desde una zona anexa al campo pendientes de varios monitores y la opción de atender a repeticiones a cámara lenta. “Dudé porque además Chiellini vino a pedirme de inmediato la tarjeta roja”, reconoce Kuipers. Sidibé había pisado la pelota y salió disparado con los tacos de una de sus botas hacia la tibia de su oponente. Pero del auricular brotó el auxilio. “Mis ayudantes estuvieron muy serviciales –apunta el colegiado- y en apenas diez segundos ya teníamos la decisión sin cometer error. Los jugadores aceptan así lo que señalas con más serenidad y es mejor para todos, también para los árbitros que estamos más tranquilos para hacer nuestra labor”. Fue justo. La acción de Sidibé era de tarjeta amarilla y no roja, peligrosa pero sin intención de hacer daño.
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