Algunos dirán que su discurso es aprendido, que suena a tópico, que es típico y manido. Marc Márquez tiene 53 puntos al frente de la clasificación, que son muchos. Bastantes. Pero no suficientes como para creer que el Mundial está ganado. Menos cuando uno compite contra tipos como Valentino Rossi, segundo en la general, que además de un mito parece ya inmortal: 37 años y no hay chaparrón ni vendaval que se le resista, tan solo un Cal Crutchlow en racha, animado por el espíritu de Barry Sheene, de quien es obligatorio acordarse estos días, por pionero y único. El británico ganó el último gran premio, en la República Checa, 35 años después de que lo hiciera Sheene. Era la primera victoria de su carrera, y la de este sábado fue la tercera pole desde que llegó a MotoGP, la primera en tres años, exactamente. Tras él, a casi un segundo, se colocó Rossi. Y en tercera posición, Viñales, cómodo en una pista muy mojada, que se fue poniendo cada vez más difícil a medida que avanzaba la sesión. Una sesión con un final muy animado que dejó muchas caídas, entre ellas, la del líder.
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